Publicado en el Magazine de Martí Perarnau.
1.- En Mónaco se enfrentaban dos equipos que a priori eran mucho más parejos de lo que reflejó el resultado al final del partido. En todo caso, el que parecía superior sobre el papel era sin duda el Chelsea. El buen equipo, rocoso, aburrido pero efectivo que levantó la Orejona la temporada pasada, se ha reforzado con criterio, trayendo jugadores para disputar un fútbol mucho más atractivo del que nos tenía acostumbrados. Esos nombres le daban un punto de ventaja sobre el Atlético, un conjunto más hecho, que sabe a lo que juega… y que tiene a Falcao.
2.- El problema de los cambios que ha hecho el Chelsea es que aún no está asentado el nuevo estilo que quiere imponer Roberto Di Matteo. Con Mata, Hazard y Oscar, los blues tienen la obligación de sobar el balón, de crear juego desde la pelota y dejar atrás las encerronas en área propia para esperar al rival. Eso aún no se ha visto y uno de los motivos es que Oscar no ha estado en el campo.
3.- Y le costará entrar entre los titulares siempre y cuando Di Matteo siga sin dar ese paso definitivo y muy difícil (una de las razones del fracaso de Vilas-Boas) de sacar habitualmente del equipo a Frank Lampard. A Frankie se le notan los años demasiado, cada vez más, sin poder ser el líder de la medular que se ofrezca para mover al equipo y tampoco le llega para dar fuerza de contención al centro del campo. Es decir, Lampard aporta poco. En el banquillo estaban sus dos posibles sustitutos: Meireles y Oscar. El primero más parecido a Lampard y el segundo más imaginativo, más creador.