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jueves, 28 de junio de 2012

'Why always Italia?'

Publicado en el Magazine de Martí Perarnau.


1.- Si hay algún vencedor en la noche de hoy es Cesare Prandelli. Fue criticado con intensidad cuando decidió hacer un órdago a la grande jugando con Cassano y Balotelli como cartas más altas. Aun así, siempre fue fiel a sus ideas, que se resumen en jugar con tres hombres en el centro del campo y dos delanteros móviles, hábiles con el balón en los pies pero sin la fijeza que requiere el puesto de ‘9’. Le ha salido a pedir de boca. Arropó a su plantilla, la forzó a aprender a jugar con el balón y como resultado ha obtenido lo que todo seleccionador sueña: un equipo.

2.- Es cierto que es más fácil adoptar un estilo definido en una selección si la mayor parte de los que la conforman lo desarrollan continuadamente en su club. Seis jugadores de la Juventus saltaron hoy al césped de Varsovia, seis hombres acostumbrados a tratar con delicadeza al protagonista, el esférico, renunciando al clásico fútbol italiano, rácano y descortés con el espectador para empezar a lucir un estilo que podía ser el cigoto de un proyecto de futuro en el calcio. El miedo a no recibir gol, otrora santo y seña hasta para malabaristas del balón como Baggio o Zola, ha desaparecido del concepto futbolístico italiano hasta tal punto de renunciar sin pudor al único pivote defensivo puro (Thiago Motta) que hay en el plantel contra Alemania, dominador del juego de posesión mundial, con permiso de la España de Sudáfrica.

3.- La libertad de Pirlo se veía reducida ante su obligado trabajo defensivo, pero unos pocos ramalazos del bresciano han bastado para verlo como firme candidato al Balón de Oro. Su labor no ha destacado excesivamente en el día de hoy, pero cada vez que entraba en contacto con el balón, los súbditos de Merkel temían que pudiera encontrar un hueco invisible entre la muralla defensiva teutona, fría y calculadora en otros tiempos pero que se ha quedado en cueros en demasiadas ocasiones como muestra de una inexperiencia (tres de los cuatro defensas tienen 23 años) que muchas otras veces no se ha visto.

martes, 5 de junio de 2012

Alemania: la pérdida del gen ganador


Publicado en el Magazine de Martí Perarnau.

Desde que levantara la Eurocopa en Wembley en 1996, Alemania no ha vuelto a dar una alegría a su afición, a pesar de estar cerca.

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que tan sólo oír la palabra Alemania hacía temblar hasta a los conjuntos más poderosos del mundo. Un sudor frío recorría el cuerpo de los futbolistas al ver en el sorteo el papel que les hacía enfrentarse a los temibles germanos, todos altos, rubios y terriblemente eficaces a la hora de encarar las defensas contrarias, a la vez que las suyas eran infranqueables. Las hordas muniquesas, comandadas por el capitán Franz Beckenbauer, dominaban Europa a su antojo, conquistando la ‘Orejona’ año sí, año también. Y cuando estas se juntaban con el resto de las falanges alemanas bajo la camiseta de la Mannschaft, no había Cruyff, Zoff o Kempes que pudiera frenarlos.
La tradición habla de una Alemania invencible, capaz de ganar a cualquiera. Pero en los últimos tiempos la legendaria frase “en el fútbol juegan once contra once y siempre gana Alemania” ha ido perdiendo fundamento. Desde que Peter Kouba no fue capaz de repeler el disparo de Oliver Bierhoff en aquella tarde de junio de 1996 en Wembley, el fútbol teutón no ha vuelto a saborear un triunfo de su selección. A nivel de clubes, la historia no dista mucho. El Borussia Dortmund y el Schalke cogieron la estela que dejó la selección y reinaron en Europa en 1997, ganando la Champions y la Copa de la UEFA, respectivamente. Y 15 años después, sólo el Bayern ha sido capaz de llevarse a Baviera la Copa de Europa, tras aquella fatídica tanda de penaltis contra el Valencia en el año 2001.

Pero que no hayan logrado levantar nuevamente un trofeo prestigioso a nivel internacional no significa que no hayan estado muy cerca de conseguirlo. De hecho, lo destacable del caso es que desde 1996, tanto el Bayern como el combinado nacional han disputado varias finales en las que no han podido (o no han sabido) demostrar la histórica frialdad y convicción bárbara que les caracterizaba.

martes, 6 de julio de 2010

Alemania, o la misma historia de siempre



Mesut Özil, en un partido de la selección alemana

Un sabio del fútbol dijo una vez: "El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y gana Alemania". Y la verdad es que no iba mal encaminado. De las 18 ediciones disputadas de la Copa del Mundo, Alemania ha jugado la final en siete ocasiones, siendo el que más ha jugado, junto a Brasil, con la diferencia de que la Canarinha no ha jugado nunca tres finales consecutivas, algo que sí hizo Alemania: en 1982 perdió la final contra Italia en Madrid; cuatro años después se repitió la historia en México'86 contra la Argentina de Maradona; pero en 1990 se resarció ganando su tercera estrella ante los argentinos en Italia.

Joachim Löw ha conseguido armar un equipo capaz de jugar muy bien al fútbol

Pero lo curioso es que Alemania, normalmente, no entra en las quinielas de casi nadie para hacer algo importante en las competiciones de naciones. ¿Quién daba un duro porque Alemania llegase a la final de Viena? ¿O quién hubiera apostado porque esta joven e inexperta selección germana estuviera donde siempre, en semifinales? Seguramente, unos cuantos locos. Pero ahí están. Y no porque estén haciendo el típico juego alemán, rocoso y fuerte, sin muchos alardes. Más bien todo lo contrario. Esta selección dirigida por Joachim Löw se caracteriza por el toque, por las jugadas rápidas y bien hiladas y por la velocidad. Las nuevas perlas alemanas, Mesut Özil y Thomas Müller han dado al equipo algo que no tenía con el capitán, Michael Ballack: rapidez, profundidad y gol. Además, la nueva situación en el mediocampo de Bastian Schweinsteiger aporta la misma pegada de Torsten Frings, pero con la soltura que da a ese puesto un interior reconvertido.



Jens Lehmann ve como entra el balón de Torres en la final de la Euro'08

Alemania - España, dos años después
Otro gran sabedor de esto del balompié afirmó que cuando Alemania juega mal, llega a la final, y cuando juega bien, la gana. Desde el momento en el que el balón de Villa dejó de dar en los postes para convertirse en gol, deseé que esa frase no se convirtiese en realidad. España tiene ante sí la oportunidad de convertirse definitivamente en una grande del mundo del fútbol. Porque es cierto que estamos todos muy contentos de jugar la semifinal de un Mundial por primera vez, pero como bien dijo el máximo goleador de la competición, David Villa, si no ganamos la Copa, no hemos hecho nada.

Para España, jugar contra Alemania recuerda a Viena. Nos trae un rico olor a Eurocopa, a cita con la Historia, al momento de matar a los fantasmas y sentirnos grandes. Pero mucho ha cambiado en tan poco tiempo. Sobre todo Alemania. Como se ha comentado, ya no es ese equipo lentorro, aburrido y previsible. Ahora es la que mejor está jugando, algo que se le presuponía a la selección de Vicente del Bosque. Que no seamos nosotros los que mejor estamos jugando tiene una doble visión, una positiva y una negativa. La positiva es que ninguno o muy pocos campeones del mundo ganaron la Copa jugando de manera atractiva, haciendo muchos goles y dando espectáculo. La negativa, es que esa tendencia pareció cambiar en la Eurocopa, porque en esa edición si ganó el que mejor jugó.

Un apunte más. Históricamente, los campeones siempre han tenido una eliminatoria sufrida hasta la prórroga o los penaltis... quién sabe si será el partido del miércoles (aunque con los tres penaltis que se vieron contra Paraguay la verdad es que debería bastar).