domingo, 14 de octubre de 2012
Recuerdos de un viejo estadio
Es domingo y juega el Murcia. Es el único motivo que realmente me motiva para levantarme de la cama o sofá donde dormía plácidamente una intensa siesta. Con los párpados entreabiertos, aún bajo el efecto del sueño vespertino, me dirijo hasta el armario donde almaceno toda mi ropa. Pero en ese momento, unos tres cuartos de hora antes de que comience el partido, la única prenda que me importa es la zamarra grana que lleva cosido al pecho un escudo muy antiguo, de casi cien años de historia.
Salgo de casa junto a mi hermano y camino del estadio nos paramos en el quiosco de siempre para comprar lo de siempre: una bolsa de pipas y una Coca Cola. En Murcia rara vez hace frío y lo más normal es que se pueda freír un huevo en el ardiente asfalto, pero aun así, la bufanda al cuello es una obligación (también se acepta atarla a la cintura para sobrevivir en verano). Andando por la Plaza de Santo Domingo vemos a otros paisanos que también se han vestido el rojo y se dirigen hacia La Condomina, la vieja Condomina. Para amenizar el camino analizo con mi hermano las posibilidades de victoria esa tarde, el once que elegirá el entrenador y las opciones reales que tenemos de ascender. De por medio se cuelan anhelos de gloria: “Ojalá suene en este estadio el himno de la Champions”, decía yo. Inocente niño.
sábado, 30 de octubre de 2010
Pequeñas leyendas coperas
El Murcia tiene ante sí la oportunidad más clara en su centenaria historia de eliminar al Real Madrid. El próximo 10 de noviembre, en el Santiago Bernabéu, los chavales de Iñaki Alonso pueden crear un nuevo hito, un “pimentonazo”. Pero la ambición no debe detenerse ahí. Inmerso en la lucha por el ascenso a Segunda, los grana aportarían a la necesitada afición una dosis de entusiasmo que sería como un plato de comida en boca de un hambriento. Numancia, Figueres y Castilla son los ejemplos en los que pueden mirarse el Real Murcia. Todos ellos inscribieron su nombre en la historia de la Copa con letras de oro.
Estadio
La hazaña más recordada
Un espejo en el que se puede mirar el Murcia y muchos otros es el caso del Numancia de Soria en la temporada 1995-1996. Lotina dirigía a unos jugadores liderados por José María Movilla que disputan la Liga en los infiernos de 2ªB. El sorteo le emparejó en primera ronda con el San Sebastián de los Reyes y tras pasar de ronda se enfrentaron a
La Unió Sportiva Figueres es un pequeño club de fútbol de la provincia de Gerona. En sus 91 años de historia, el club ha participado en siete ocasiones en la Segunda División y ninguna en la División de Honor, lo que hace pensar que no se ha codeado nunca con los grandes del fútbol nacional. Pero no es del todo cierto. En la temporada 2001-2002, el Figueres, militando en Segunda División B, pasó a ser uno de los equipos más ensalzados de toda España. Desde la segunda eliminatoria, donde echó del torneo al Barcelona dirigido por Carles Rexach, el Figueres demostró que se tomaba muy en serio este torneo. Luego vendría otro ‘primera’ como el Atlético Osasuna, que cayó a manos de los catalanes en los penaltis. En octavos se produjo un duelo de equipos de la División de Bronce, entre el Figueres y el Novelda. Tras eliminar a los valencianos, tocaba el Córdoba, que también sucumbió. El Figueres ya había hecho historia. Se convirtió en el primer conjunto de Segunda B que participaba en unas semifinales de la Copa del Rey. Y pudo ir a más, porque estuvieron a punto de dar otra sorpresa más y eliminar al Deportivo de la Coruña, que sólo pudo imponerse al modesto equipo gerundense por un resultado global de 2-1. El equipo gallego ganaría ese torneo en el Bernabéu en el ‘Centenariazo’
El filial europeo
El mejor ejemplo para el Real Murcia es el Castilla. Cierto es que aquel filial del Real Madrid disputaba la Segunda División y tenía un gran equipo, repleto de jóvenes valores que posteriormente serían determinantes en el esquema del conjunto merengue, como Agustín o Gallego. Pero no cabe duda de que se trataba de un equipo, en teoría, inferior a los que disputaban la liga superior. Sea como fuere, el año 1980 nunca se borrará de la retina de los aficionados madridistas. El Castilla se clasificó para la final de la Copa del Rey, que disputó contra su hermano ‘mayor’, el Real Madrid de Juanito, en el Santiago Bernabéu, como no podía ser de otra manera. El equipo filial elimino hasta cuatro equipos de Primera. Hércules, Athletic de Bilbao, Real Sociedad y Sporting se vieron sorprendidos por la calidad y el atrevimiento de los jóvenes canteranos blancos. Cabe recordar que la Real Sociedad acabó esa temporada como subcampeón del torneo de la regularidad, lo que aporta más mérito si cabe a la gesta conseguida por el Castilla. La final no tuvo más historia. Seis a uno ganaron los mayores, que compartieron el trofeo con los ‘pequeños’ en el centro del campo de la ‘Casa Blanca’. El Castilla se convirtió así en el único filial de la historia en disputar una competición europea, la Recopa.
¿Sueño o utopía?
Para un aficionado murcianista, comparar las plantillas de ambos equipos no serviría más que para olvidar la posibilidad de la victoria. Pero si algo ha demostrado este Murcia hasta el día de hoy es que es muy difícil hacerle goles, algo fundamental si se quiere pasar de ronda. Mantener la misma intensidad en el Santiago Bernabéu que la demostrada en la Nueva Condomina va a ser muy difícil, pero una mala noche la tiene cualquiera, incluso el Real Madrid de Mourinho, que parece infranqueable. Y, si el sueño se cumple, si el Real Murcia pasa de ronda, habrá que mirar hacia delante y afrontar con ambición y hambre las siguientes eliminatorias. Es una oportunidad única para pasar a la historia.
martes, 10 de noviembre de 2009
Murcia sucumbe
Vuelta a la antigua usanza. Se disputaban una de esas batallas que uno ya había borrado de su memoria. Diez años después, Murcia y Cartagena volvían a verse las caras. El escenario, los campos de la Condomina. Dos ejércitos querían una fiesta, pero sólo uno podía tomarse la copa de la victoria. Así, los cartaginenses hirieron mortalmente a su enemigo y lágrimas granas inundaron la rambla de El Churra.
Murcia, 11:30 de la mañana del domingo 8 de noviembre. Desde los puentes que cruzan la autovía A-7 se divisaba una masa oscura. Conforme nos aproximamos, la imagen se va aclarando. Decenas de miles de estandartes granas ondeaban al fuerte viento que azotaba la Nueva Condomina, lo que no impedía que más gente se fuera sumando al encuentro. La masa murciana fluía desde el centro comercial, como una manada que sale en busca de su hogar. Unos colores, el blanco y el negro, se confunden en el ambiente. Son los rivales, procedentes de Cartagena, con los que se luchará por el asentamiento. En principio, parecen muy pocos, insuficientes para plantar cara a la inmensa muchedumbre grana que se avalancha sobre el estadio. Pero estos pocos miles de albinegros hacen mucho ruido para intentar ganarse el respeto de la parroquia rival. Pero no es fácil. Son dos rivales que se odian a muerte. Dos grupos que llevan peleándose por la supremacía regional desde hace siglos. La rivalidad no evita que estos enemigos puedan hacerse mutuos gestos que honran a cada uno de ellos. Por ejemplo, los granas cedieron gran parte de sus puestos a los visitantes para que pudieran contemplar juntos la batalla. Por su parte, los albinegros se comportaron como caballeros durante cada minuto de la contienda, aunque desde el principio podrían haber hurgado en la herida rival, que en el primer blandido de la primera espada vieron como su esperanza de victoria final era nula.
Gritos de guerra
Las hordas murcianas saltaron al campo de batalla envalentonadas, creyéndose por Historia superiores. Pero la situación actual, con el ejército en baja forma y a sabiendas del potencial del pequeño ejército rival, se apretaron los machos y entonaron a todo pulmón su canto de guerra más propio para acongojar a los cartageneros. La Parranda, sumergida muy adentro en el corazón local, salió como una explosión del júbilo que cuatro minutos después se desvanecería. Los pocos cartageneros se convirtieron en demasiados. Los ruidosos granas se sumieron en un profundo silencio a merced de sus enemigos. Con su rival abatido, Cartagena invadió las proximidades del campo de batalla. Por doquier se encontraban hombres y mujeres con sus vestimentas blancas y negras, luciendo una sonrisa de oreja a oreja. No era para menos, habían conquistado el territorio enemigo y los murcianos, rendidos, o habían abandonado el campo de batalla o se habían entregado a las legiones enemigas. Cartagena había triunfado, se había hecho con el control de la Región. Por su parte, Murcia se desmorona y espera al nuevo año para preparar la revancha. Suenan tambores de guerra por el Campo de Cartago.