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martes, 5 de junio de 2012

Alemania: la pérdida del gen ganador


Publicado en el Magazine de Martí Perarnau.

Desde que levantara la Eurocopa en Wembley en 1996, Alemania no ha vuelto a dar una alegría a su afición, a pesar de estar cerca.

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que tan sólo oír la palabra Alemania hacía temblar hasta a los conjuntos más poderosos del mundo. Un sudor frío recorría el cuerpo de los futbolistas al ver en el sorteo el papel que les hacía enfrentarse a los temibles germanos, todos altos, rubios y terriblemente eficaces a la hora de encarar las defensas contrarias, a la vez que las suyas eran infranqueables. Las hordas muniquesas, comandadas por el capitán Franz Beckenbauer, dominaban Europa a su antojo, conquistando la ‘Orejona’ año sí, año también. Y cuando estas se juntaban con el resto de las falanges alemanas bajo la camiseta de la Mannschaft, no había Cruyff, Zoff o Kempes que pudiera frenarlos.
La tradición habla de una Alemania invencible, capaz de ganar a cualquiera. Pero en los últimos tiempos la legendaria frase “en el fútbol juegan once contra once y siempre gana Alemania” ha ido perdiendo fundamento. Desde que Peter Kouba no fue capaz de repeler el disparo de Oliver Bierhoff en aquella tarde de junio de 1996 en Wembley, el fútbol teutón no ha vuelto a saborear un triunfo de su selección. A nivel de clubes, la historia no dista mucho. El Borussia Dortmund y el Schalke cogieron la estela que dejó la selección y reinaron en Europa en 1997, ganando la Champions y la Copa de la UEFA, respectivamente. Y 15 años después, sólo el Bayern ha sido capaz de llevarse a Baviera la Copa de Europa, tras aquella fatídica tanda de penaltis contra el Valencia en el año 2001.

Pero que no hayan logrado levantar nuevamente un trofeo prestigioso a nivel internacional no significa que no hayan estado muy cerca de conseguirlo. De hecho, lo destacable del caso es que desde 1996, tanto el Bayern como el combinado nacional han disputado varias finales en las que no han podido (o no han sabido) demostrar la histórica frialdad y convicción bárbara que les caracterizaba.