Publicado en el Magazine de Martí Perarnau.
¿Se imaginan a Floyd Landis anunciando por todo el mundo que él es campeón del Tour de Francia 2006 y que la opinión de la Unión Ciclista Internacional no significa nada para el propio ciclista estadounidense? ¿O a Marion Jones luciendo en una camiseta los tres oros que logró en Sidney bajo los efectos de sustancias dopantes? ¿Y qué pensarían si equipos como el Real Murcia, el Burgos, el Compostela, todos ellos clubes descendidos en su momento de Segunda A a Segunda B por diferentes motivos, hubieran ido pregonando que seguían siendo equipos de la división de plata?
Muy probablemente la reacción mayoritaria sería la del rechazo, otros demostrarían incomprensión y a algunos en el rostro les aparecería una pequeña sonrisa. Por motivos de dopaje en los dos primeros y de impagos o negación o imposibilidad de conversión en sociedad anónima deportiva en el último caso, a todos ellos la justicia los ha obligado a renunciar a los triunfos, a asumir la categoría en la que jugar. Todo ello con la correspondiente vergüenza y desesperación que provoca a los afectados que, a pesar de todo, asumen su error y tratan de seguir adelante.
Pero hay ahora mismo en el mundo del fútbol un caso de rechazo a lo dictaminado por un tribunal, la asunción de una idea contraria a lo estipulado. La Juventus ganó el pasado mes de mayo el título que acreditaba al club turinés como campeón de Italia. Por ello y como es tradición en el país de la bota, el próximo curso se le permitirá lucir en la maglietta el Scudetto. El problema surge a la hora de sumar los Scudetti que ha conseguido la Vecchia Signora en toda su historia.